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Estructurar el pensamiento suena a un ejercicio prolijo, casi mecánico, poner en orden lo que uno ya sabe. Pero el problema es que el pensamiento no es ordenado y que, incluso cuando podamos ponerlo en orden, primero tenemos que tener una claridad absoluta sobre aquello que sabemos. Y una buena parte de lo que sabemos se presenta, en general, como conocimiento tácito. Si pensamos en la enseñanza sabemos, por ejemplo, que una consigna cerrada no genera lo mismo que una abierta, que hay silencios que enseñan más que una explicación, que el orden en que se presentan las cosas no es inocente. Lo sabemos con el cuerpo, con los años, con la práctica. Y por eso mismo no lo decimos, porque nunca tuvimos que decirlo, siempre estuvo ahí, disponible, dando por sentado que quien nos escuchaba ya lo compartía.

El prompt no comparte nada. No tiene años de aula ni cuerpo ni práctica. Solo tiene las palabras que le damos, y si esas palabras no incluyen lo que para nosotros es obvio, la máquina no lo va a inventar, va a llenar ese vacío con otra cosa. Sobre esa otra cosa hablaremos en la edición que viene. Pero volvamos a esta: uno le pide una actividad y recibe una actividad, pero la calidad de esa actividad, la capacidad de dialogar con el contexto situado en el que va a ser implementada y, especialmente, la vinculación con los supuestos pedagógicos de quien la está pidiendo no están reflejadas.

Y frente a esa pobreza, en vez de preguntarnos qué faltó decir, muchas veces preguntamos cómo decirlo mejor. Ahí aparece una nueva trampa, la de las guías. Durante estos años nos llegaron guías con títulos parecidos, cincuenta prompts para docentes, la fórmula que lo cambia todo, el paso a paso infalible. Y todas, sin excepción, ofrecían la misma solución, ajustar la frase. Ninguna apuntaba a que la persona que escribía el prompt pudiera preguntarse qué quería realmente hacer. McLuhan decía que la forma es contenido, pero en tiempos de IA a veces puede ser sólo cáscara.

A esta manera de interactuar con las IA que invisibiliza no sólo lo que queremos pedir sino aquellos saberes fundamentales de nuestra práctica docente la llamo prompting ingenuo: nos enfocamos en ser expertos en una técnica que nos quita deliberadamente agencia.

Pero allí no termina todo: ¿y si esta trampa escondiera algo más? De eso hablaremos el mes que viene.

Por si te dan ganas de probar…

Tres preguntas para hacerte antes de promptear, ¿qué querés que aprendan?, ¿por qué es importante ese aprendizaje?, ¿qué tienen que hacer para aprenderlo? Escribilas en un papel, o en un post-it (mi forma favorita de pensar). Releelas y ajustalas hasta que estés convencida/o. Recién después transformalas en prompt.

Ah, casi me olvido

Dejo esta última sección para poder contar cosas random y quiero empezar hablándote de El Sombrerero, así que te debo una explicación.

Hace quince años que el personaje de Alicia me acompaña. La usé para pensar narrativas digitales, para explicar hipertexto, para hablarles a docentes de mundos que se ramifican en vez de avanzar en línea recta. Alicia fue mi forma de decir que pensar el universo digital implica desandar muchos caminos conocidos.

Pero Alicia ya cumplió su función. Y el mundo se volvió un lugar bastante más complejo. Por eso apareció El Sombrerero.

Él es el personaje que vive siempre en la hora del té, que en medio de una merienda eterna le pregunta a Alicia en qué se parece un cuervo a un escritorio, y no espera respuesta. La gracia no está en que haya respuesta, está en que alguien se haya animado a preguntarla. En tiempos de aceleración tecnológica y del mandato imperativo del uso, lo que proponemos, El Sombrerero y yo, es una pausa para no perder de vista, que el cuerpo, el encuentro, la experiencia y las subjetividades de quienes nos encontramos en la enseñanza y el aprendizaje siguen siendo el centro.

Por ahora, hasta acá llegó este instante. Nos encontramos en el próximo.

Valeria

Educadora e investigadora. 20 años cruzando educación y tecnología desde el sentido pedagógico. Hoy investigo IA en el aula: sin fascinaciones ingenuas, con mirada crítica y ética. Escribo para docentes e instituciones que quieren hacerse preguntas.

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